«Beurette» es mucho más que un insulto en francés

«Beurette» es mucho más que un insulto en francés

«Mal nommer les choses, jugeait Camus, c’est ajouter au malheur du monde. Ne pas nommer les choses, c’est nier notre humanité.»
Eric Fottorino, Suite à un accident grave de voyageur (2013) .

¿Diccionarios para-traducir la realidad?

Desde que el término «familiar» beur apareció en el famoso diccionario Le Petit Robert, por primera vez en la edición de 1985, esto es lo que podemos leer, textualmente, en la definición que aparece en su edición en papel de 1994: Jeune Magrhébin né en France de parents immigrés («Joven magrebí nacido en Francia de padres “inmigrados”»). Si el joven beur ha nacido en Francia ¿por qué decir que es magrebí… acaso es que no se le considera «francés» por ser hijo de quien es?; ¿por qué no haber redactado algo así: Jeune né en France de parents maghrébins immigrés «Joven nacido en Francia de padres magrebíes “inmigrados”»?.

Que el considerado como el «laboratorio del uso real de la lengua francesa» hubiese ofrecido en los años noventa del pasado siglo esa definición del sustantivo y adjetivo masculino beur insistiendo en una sola de las pertenencias de la identidad de la persona –la «magrebí»– hacía que lo que se supone es la obra de consulta de referencia de todo traductor-intérprete que trabaja con el francés, dejase de ser una ayuda para-traducir la identidad de los hijos (y las hijas) de todas aquellas personas migrantes que, provenientes del norte de África, se habían instalado en Francia desde hace décadas. Si los «jóvenes» beurs habían nacido en Francia, todos tenían (y siguen teniendo), además de una(s) pertenencia(s) propia(s) del seno familiar en el que fueron criados, la nacionalidad francesa como cualquier otra persona nacida en Francia, ni más ni menos. ¿Por qué no decir que el beur es también francés? Desgraciadamente, en la Europa de la no traducción del Otro donde, una y otra vez, se reduce y limita la identidad del migrante (y del hijo del migrante) a una sola y única de sus pertenencias eso de que alguien pueda ser «francés» a pesar de sus orígenes no está tan claro. Parece que en Francia haya que elegir siempre entre una dualidad permanente: en este caso, o se es magrebí o se es francés. Ya hemos comentado en varios artículos de nuestro Blog de Investigación francófono cómo la ausencia del paradigma de la traducción en la gestión de la diversidad cultural ha impedido el mestizaje de culturas y, por consiguiente, la posibilidad de que la población entienda que se puede ser, en Francia, 100 % magrebí y 100 % francés. El modelo intercultural de integración republicana francés ha querido pasar al beur por el pasapuré de las políticas de migración para que los orígenes del «Joven magrebí» pasasen desapercibidos en el espacio público y todo el mundo lo viera como un francés más en la política de migración de la crema de verduras practicada durante décadas en Francia. Se ha llegado a formar incluso la palabra beurgeoisie para designar a los beurs que, con su alto estatus social y económico, se han integrado tan bien en el sistema que forman parte de su élite.

Otro detalle que, como Traductor-Intérprete Francés-Español-Francés, me llama poderosamente la atención de la definición del diccionario Le Petit Robert es por qué beur sólo es aplicable a la población juvenil. ¿Acaso no ha habido, hay y seguirá habiendo adultos y ancianos beurs en Francia? La actual edición electrónica de Le Petit Robert parece responder al dar hoy esta definición en red del término beur: Personne née en France de parents immigrés maghrébins («Persona nacida en Francia de padres “inmigrados” magrebíes»).

Y cuando parece que la cosa va arreglándose en la era digital, a uno se le ocurre consultar el diccionario Larousse en internet para redactar este artículo de mi Blog T&P y se encuentra esta definición en la que la edad de la persona beur parece seguir siendo importante a la hora de definir el término: Jeune d’origine maghrébine né en France de parents immigrés («Joven de origen magrebí nacido en Francia de padres “inmigrados”»). En el diccionario Larousse, vuelve el «Joven» y se insiste en designar, cuando no connotar, el origen «magrebí» de la identidad de la persona a la que se llama beur, esta vez, desde el principio de la propia definición y no al final como lo hace el diccionario Le Petit Robert.

El origen del término beur

La palabra francesa arabe («árabe») es el origen del término francés beur que se creó durante la década de los ochenta del siglo pasado en verlan, esa forma de argot del francés que traduce todo un universo popular del habla donde lo más importante es no ser comprendido por quien no sea del grupo y que consiste en hablar «al revés» invirtiendo las sílabas de una palabra (à l’envers=*vers l’en=verlan) y, algunas veces, provocando incluso la elisión de otras. De la pronunciación de la «e» caduca final de la palabra arabe [aRabə] (tan fuertemente labializada que debería incluso transcribirse así [aRabɵ]) sale «a-ra-beu» que en el verlan («al revés») de los años 80 en Francia da dos formas diferentes en dos tiempos de creación neológica totalmente diferentes:

  • primero, la inversión de la palabra francesa arabe en su esqueleto consonántico R.B. da por aféresis y cambio en la pronunciación final, la palabra «rebeu» [Rəbɵ]. Una palabra que fue creada para designarse a sí mismos en verlan haciendo referencia explícita al hecho de ser «árabe» sin mencionar ninguna nacionalidad, por esos «jóvenes de origen magrebí», «inmigrantes de segunda generación» nacidos en un espacio urbano de Francia muy determinado (los barrios de la periferia de París, la banlieue llamados hoy quartiers populaires o quartiers prioritaires) que, en realidad, ni eran inmigrantes, ni eran descendientes de inmigrantes sino, más bien, descendientes de personas colonizadas. Estamos ante una expresión «vernacular» que habla de Francia y de su relación con sus minorías provenientes de su pasado colonial. Unas minorías que utilizan una forma de hablar tan genuinamente francesa como es el verlan apropiándosela, sin ambages, con el fin de crear todo un neologismo en la lengua francesa, rebeu, que consideran como propio, para-traducir su identidad árabe.
  • fue bastante más tarde, y nunca antes (como pretende hacernos creer la información que circula por las redes), cuando, por inversión de, esta vez, la propia palabra «re-beu» a partir de su raíz de dos letras R.B., se crea el esqueleto consonántico B.R. que, gracias al deslizamiento de la «e» caduca de la sílaba final «be» pronunciada labializada y un poco más abierta al estar colocada entre las dos consonantes invertidas, da la palabra  «beur» [bœR]. Recordemos aquí que durante muchos años rebeu era una palabra usada, sólo y exclusivamente, por ese grupo de población que he descrito anteriormente y que se reafirmaba como rebeu cada vez que la pronunciaba. Nadie más en Francia que no perteneciera a ese grupo se atrevía a usar, de forma natural, la palabra rebeu por su eminente carga racial, histórica, colonial y orientalista. Así fue cómo el término rebeu, de nuevo gracias al verlan, se transformó en beur. Una palabra original que al francés no árabe le suena tan exótica como familiar ya que el monosílabo resulta ser el perfecto homófono de la palabra que se utiliza en francés para designar el ingrediente más importante de la gastronomía (del norte) de Francia: la mantequilla… le beurre. No me detendré ahora en pensar en la cantidad de juegos de palabras que presta la lengua francesa al racista de turno que le apetezca seguir insultando, humillando y denigrando al hijo del inmigrante del Magreb que considera como «extranjero» a pesar de haber nacido en Francia, utilizando las expresiones más corrientes construidas con la palabra mantequilla (beurre) en francés: Le beurre et l’argent du beurre («querer todo sin dar nada a cambio»); Faire son beurre («ganarse el pan»); Promettre plus de beurre que de pain («prometer mucho más de lo que uno puede llevarse consigo»); Avoir un œil noir («tener un ojo morado»); Comme dans du beurre («se dice de algo muy fácil»); Tu n’as pas inventé le fil à couper le beurre («eres idiota por no decir gilipollas»); Compter pour du beurre («no contar»); Pas plus que du beurre en broche («ninguna probabilidad de que ocurra»); Battre le beurre («pelearse»); etc. … tan sólo me pregunto si será casualidad que, como puede verse en la foto con la que empieza este artículo, la palabra «mantequilla» –beurre– esté separada de la palabra beur en el diccionario Le Petit Robert por una onomatopeya que expresa el asco en francés: beurk. En todo caso, el beur se convierte en la paratraducción de rebeu al ser la palabra que puede ser nombrada y usada a troche por la mayoría de los hablantes de la lengua francesa que no tienen orígenes magrebíes o del norte de África. Y, desde la década de los 80, el término beur aparece como adjetivo en una proliferación de expresiones: littérature «beur», radio «beur», etc.

Hasta incluso la famosa Marche pour l’égalité et contre le racisme cuando, del 15 de octubre al 3 de diciembre de 1983, miles de personas de los barrios populares emprendieron una marcha de Marsella a París para denunciar el racismo y la represión policial, será rebautizada por los medios franceses Marche des beurs aplicando a la perfección en el discurso público los elementos de lenguaje utilizados por el poder para «integrar» toda esa juventud de origen norte-africano que quiso tomar al pie de la letra los derechos civiles, sociales y de la ciudadanía que se le estaba enseñando en la Escuela y en los Institutos franceses. Excelente manera de supuestamente «valorizar» un tipo de población para, en realidad, reducirla al silencio y neutralizar sus reivindicaciones. Estamos ante el eterno doble juego del discurso republicano francés sobre la «integración» que, en 1998, con la victoria de Les Bleus en la Copa Mundial de fútbol, consigue llegar a la consagración más positiva de la palabra beur con la creación de la expresión «black-blanc-beur», eslogan y símbolo identitario usado para expresar la máxima integración en la República francesa. Parecerá un mero detalle anecdótico de la vida cotidiana, pero seguro que no seré el primero en interpretar que es precisamente eso lo que viene a expresar, de forma indirecta, inconsciente y simbólica, la homofonía entre la palabra beur y la palabra beurre en francés: para-traducir que el hijo de segunda generación del árabe migrante del norte de África –le beur–, que vive en las barriadas desfavorecidas de París, en la banlieue, es un ejemplo perfecto de integración porque utiliza la mantequilla –le beurre– (y no el aceite de oliva) para untar sus rebanadas y tostadas de pan en el desayuno como lo ilustró a la perfección el ilustrador Rakidd hace tres años con la imagen que encabeza este artículo y que he elegido para hacer referencia al «único significado» que quisieran muchas personas que tuviera el término beurette (una rebanadita de mantequilla) para que dejara de ser un insulto. Así pues, desde la década de los ochenta del siglo pasado, el término beur se usa en Francia para-traducir una muy determinada identidad. Concretamente para designar al árabe que puede –y debe– integrarse en la sociedad francesa sin fisuras, es decir para-traducir que se puede ser árabe sin todos sus «inconvenientes»… convertirse en un(a) árabe atractivo(a) y seguro(a).

¿Por qué el femenino de beur es beurette?

Es en este contexto histórico, social y cultural de creación lingüística del término beur cuando aparece el femenino del mismo: «beurette» [bəRɛt]. Para quienes traducimos del francés y hacia el francés lo que me interesa destacar aquí, desde la perspectiva de la traducción como paradigma de interpretación de los fenómenos sociales implícitos en el vocabulario utilizado por las personas usuarias de la lengua francesa, es que en lugar de haber formado el femenino de «beur» añadiendo simplemente una «-e» y crear, así, el término «beure» (a tan sólo un «r» de ser la grafía de la palabra «mantequilla» –beurre– en francés de la cual es hómofona el masculino beur y lo sería el feminino beure), se añadió el sufijo «-ette». Un sufijo que para todo Traductor-Intérprete de Francés-Español-Francés que se precie, es decir para quien conoce la lengua francesa mucho mejor que cualquier nativo o nativa, en un primer momento, es entendido como un sufijo diminutivo supuestamente «cariñoso», pero, muy pronto, se da uno cuenta del juego irónico que hay detrás y, en un segundo momento, nos vienen a la mente palabras francesas tales como midinette, soubrette cuyo campo semántico subalterno viene a reforzar el imaginario asociado al bajo estatus que tiene designar, por extensión, «jovencitas simples, frívolas y con sentimentalidad naif». Vamos que haber creado el femenio beurette con ese sufijo «-ette» hace que el nuevo término femenino en cuestión no escape a la connotación simbólica que del propio sufijo acabo de comentar. Se refuerza todavía más, si cabe, la voluntad de dominio y control absoluto sobre la mujer árabe por parte de los medios de comunicación franceses que ya usaban beur en masculino (porque, recuerden, no «podían» usar rebeu) fieles al espíritu de tutela todavía imperante en el imaginario poscolonial que quiere seguir dominando, domesticando, encore et toujours, el pueblo otrora colonizado. Con el término beurette, estaríamos ante una visión de la «mujer árabe» del norte de África totalmente heredera de la «predación sexual del Hombre Europeo» durante el periodo colonial. La Beurette se convierte así en un objeto sexual y, por consiguiente, el término muy pronto conlleva el insulto en su estructura más profunda. De la «morisca» a la beurette, la representación iconográfica recoge siempre los mismos estereotipos orientalistas del heteropatriarcado machista del periodo colonial que considera a la mujer magrebí y del norte de África como una presa sexual. Como muy bien dice Pascal Blanchard, «la dominación de las tierras se acompaña de la dominación de los cuerpos». El cuerpo de la mujer del Otro se convierte en objeto de deseo, de violencia, de dolor, de captación: poseer el cuerpo de la mujer del Otro era como un «derecho del colono» que, ejerciéndolo, no sólo humillaba al colonizado, sino que supuso la puesta en marcha de todo un sistema de predación sexual que ha ido creando, a lo largo de siglos, un imaginario colonial fantasioso de paraíso sexual todavía vigente hoy en día. Las imágenes recopiladas en el magnífico libro redactado por 97 autores, dirigido, entre otros, por Pascal Blanchard y tan acertadamente titulado Sexe, race & colonies. La domination des corps du XVe siècle à nos jours, no son imágenes «eróticas» sino más de mil cuadros, ilustraciones, fotografías y objetos de seis siglos de historia de «la dominación colonial y su safari sexual». Son muchos siglos de sexualización fetichista y completa deshumanización de la mujer francesa de origen magrebí por parte de quien nunca se planteó traducir las distintas pertenencias de la identidad de una mujer tan francesa como cualquier otra y se limita a reproducir una fantasía sexual tan inconsciente como estereotipada por el propio Delacroix cuando pintó su romántico cuadro orientalista titulado Les femmes d’Alger dans leur appartement en 1833 para expresar en el rostro de las odaliscas (esclavas vírgenes) la «voluptuosa languidez».

Con todo este pasado colonial que impregna profundamente una de las fantasías sexuales más extendidas en Francia, resulta normal que, hoy, la mujer de origen magrebí quiera que se la deje de identificar con una expresión que ve no sólo como peyorativa desde un punto de vista cultural, sino como un grave insulto, sobre todo, cuando se sabe que beurette resulta ser el término utilizado, desde hace más de veinte años, en sitios webs pornográficos francófonos para unos determinados gustos sexuales herederos del imaginario sexual construido al mismo tiempo que el imperio colonial de Francia. No hace falta ir a webs pornográficas para comprobarlo, basta con que uno teclee en Google el término «beurette» y encontrarse con las primeras imágenes que salen en el motor de búsqueda por excelencia (imágenes que no reproduciré aquí por mantener un cierto decoro y pudor en la edición de este Blog T&P). La fotos recopiladas por el algoritmo dejan muy claro el alto grado de vulgaridad que expresa el término beurette cuando es usado por la juventud adolescente magrebí como sinónimo de mujer michto (michtoneuse es sinónimo de «prostituta» o mujer que se relaciona con hombres sólo buscando su dinero) a la que sólo le interesa el dinero, el físico y lo superficial. La beurette aparece en la red hipermaquillada, con los labios pintados con colores estridentes, las uñas largas, fuma con narguilé y, en general, exhibe profusamente su físico. Beurette ha pasado de significar la mujer «sumisa» en tiempos coloniales a ser, hoy, sinónimo de mujer «superficial»… la Bimbo sans cervelle tipo la famosa Nabila que se convirtió, de la noche a la mañana, en estrella del programa de telerealidad francés titulado Les Anges de la téléralité por su celebérrima frase «Non mais allô quoi. T’es une fille t’as pas de shampooing… C’est comme si je te dis t’es une fille t’as pas de cheveux» convertida en marca registrada por ella misma tras haber sido parodiada hasta incluso por Ikea. ¿Puede haber un término más peyorativo e insultante?

El escándalo en TF1 o cuando el uso peyorativo del término beurette se convierte en norma

El 31 de mayo de 2020 la cadena TF1 usó el término beurette para anunciar el episodio 62 de la 13.ª temporada, titulado Yasmina, de su serie Joséphine Ange Gardien protagonizada por la actriz Mimie Mathy desde 1997. Un episodio que, por cierto, se emitió por primera vez en 2012 pero la polémica no surgió entonces sino ahora, en 2020. Al parecer, el público francés se llevó las manos a la cabeza cuando descubrió lo palabra beurette y las tres palabras que le seguían en el resumen editado por la cadena:

La personaje que da nombre al episodio, Yasmina, es presentada como une jeune magrhébine qui rêve d’intégrer Privela, une grande entreprise de cosmétiques «una joven magrebí que sueña con integrar Privela, una gran empresa de cosméticos». Una vez más, el modelo de integración republicana puesto en pantalla como ejemplo de gestión de la diversidad cultural en Francia. Y para describir a Yasmina se dice, textualmente, que es una beurette issue de banlieue «Joven magrebí nacida en Francia de padres “inmigrados” que viene de la periferia». La expresión beurette issue de banlieuresulta ser una tautología, un auténtico pleonasmo porque como he apuntado desde el inicio de este artículo, la beurette está íntimamente unida a la historia de la inmigración poscolonial de los/as descendientes de inmigrantes magrebíes o del norte de África en Francia que han ocupado siempre la periferia de París. ¿Cómo no iba Yasmina a venir de la banlieue? Escribir beurette issue de banlieue en el resumen es o bien demostrar la ignorancia supina de la historia de la palabra beurette en francés o bien insistir en una redundancia que ha sido leída como mucho más que agresiva por una gran parte de la población francesa hoy. Supongo que por todo lo dicho en este artículo, el lector de este blog entenderá por qué ardieron las redes sociales y, desde el 1 de junio, el hashtag #TF1Raciste fuese Trending Topic en Francia.

Tranculturalidad y mestizaje en el uso positivo del término beurette

Ahora bien, como suele ocurrir casi siempre con todo elemento con fuerte carga simbólica, muy pronto tenían que aparecen significados del término beurette totalmente contrarios a todo lo expuesto en este artículo hasta el párrafo anterior. En efecto, porque siempre connota mucho más que denota, beurette puede convertirse también en un término usado de forma positiva y reivindicativa, tal y como hace la artista y estilista Lisa Bouteldja al reapropiarse el término calificándose a sí misma de beurette para impedir que otros la llamen así y le coloquen la etiqueta con todos sus significados peyorativos e insultantes. Se trata de todo un vuelco semántico en el que Lisa Bouteldja imita lo que los militantes negros americanos hicieron con los términos nigger o black: otrogar al término beurette toda la positividad que no había tenido hasta entonces, con todas las repercusiones éticas, sociales, políticas y culturales que ello pueda suponer en la Francia de hoy.

Lisa Bouteldja reivindica sus orígenes argelinos y se viste como quiere sin dar la imagen de haber caído en los estereotipos de la beurette comentados más arriba. Para conseguir su objetivo, utiliza siempre la moda como arma simbólica con el fin primordial de expresar su identidad mestiza. Todo un trabajo de desconstrucción permanente de los códigos de la vulgaridad y de los estereotipos culturales peyorativos creados alrededor la mujer magrebí etiquetada en Francia con el término beurette. Lisa Bouteldja utiliza fotos y vídeos de ella misma vestida de múltiples formas que sube a su cuenta Instagram para-traducir una serie de connotaciones simbólicas con cada nueva imagen de beurette con el fin de crear todo un nuevo imaginario de lo que ella llama la beurettocracie o aristrocratie des beurettes. El procedimiento paratraductivo de esta activista feminista francesa consiste en una serie de paratraducciones intersemióticas visuales de complementos de lujo (ropa, calzado, anillos, collares, fulares), por un lado, y complementos supuestamente vulgares, por otro, a todos los cuales les cambia el valor el símbólico para-traducir, de forma permanente, el mestizaje de los dos códigos culturales que conforman las dos pertenencias de su identidad mestiza: la francesa, por un lado, y la argelina, por otro, en su caso.

El uso real del término beurette en francés

Con el fin último de que mi alumnado de Traducción Inversa Español-Francés (Traducción Idioma I 3: Español-Francés) de la Universidade de Vigo vaya siempre más allá de las palabras que encuentra en los diccionarios (siempre les repito que nunca se debe traducir a golpe de diccionario), me gusta mandarles ejercicios de transcripción para mejorar su competencia oral pasiva al mismo tiempo que la calidad de su redacción en lengua B porque, desgraciadamente, estos últimos años el alumnado de Grado en Traducción e Interpretación (T&I) está llegando a la Universidad con unos niveles de competencia oral y escrita ínfimos en francés, lengua B. Y es que la selectividad ya no es lo que era y, desgraciadamente, la enseñanza de «lenguas extranjeras» en secundaria sigue dejando mucho que desear en el sistema educativo español, máxime cuando, se pretende reducir las horas de docencia en «segunda lengua extranjera». Así que termino este artículo de mi Blog T&P con este magnífico audio de ARTE RADIO digno de conservarse en los archivos radiofónicos de la red para futuros estudios de antropología social de la lengua y la cultura francesas sobre el uso de la palabra beurette en francés. Como docente e investigador universitario en T&I, considero que la transcripción completa en francés de este archivo de audio y su correspondiente traducción al español no debería suponer ninguna dificultad para el alumnado que aspire a ser un auténtico profesional de la Traducción e Interpretación Francés-Español-Francés.

J.Y.F.

P.S.: Este artículo de mi Blog de investigación T&P es una versión «ilustrada» y «divulgativa» de mi artículo titulado Traducir la identidad como mantequilla: el francés beur publicado en las páginas 1031-1046 del segundo número del volumen vol. 59 de la revista Trabalhos em Linguística Aplicada (TLA) dentro del dosier temático titulado De la diversidad cultural a la transculturalidad. Traducción & paratraducción de la identidad cuya edición llevé a cabo entre el 29/07/2020, en papel, y el 14/08/2020, en red.

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